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Cómo funciona la Alquimia

Aunque la forma de diagnosticar y prescribir de la alquimia es semejante a la de la alopatía, ésta lo hace, en todos los casos, con consecuencias nefastas dadas por la supresión de síntomas que lleva a cabo, y que finaliza en una vicariación progresiva. Esto provoca que la enfermedad mute hacia una más complicada y/o degenerativa que la dada en principio, trayendo como consecuencia invasión celular, congestionamiento del cuadro biológico-celular y potenciación de su riesgo. Este conjunto de factores es lo que también lleva a que la enfermedad sea más difícil de curar.

En contraste, los medicamentos alquímicos no producen esta supresión. Vale aclarar que “supresión” no quiere decir eliminación sino omisión, “dejar reposar” el verdadero núcleo de la enfermedad y hacer foco únicamente en el tratamiento y quite de los síntomas. En las bebidas alquímicas, el comando de acción es llevado a cabo por la presencia sutil de un elemental de la naturaleza, es decir, un campo vibracional con capacidad de interpretación humana. Su acción no va dirigida solamente al plano orgánico y funcional –como ocurre con la medicación alopática– ni a los planos orgánico y mental –como sucede con la homeopatía–. Se lleva a cabo en simultáneo con la energía más sutil del ser humano: el alma. Así, ataca la enfermedad en sus tres dimensiones: cuerpo, mente y alma.

Si el ataque medicinal no abarca estas tres dimensiones, se deja la puerta abierta a la posibilidad de reconstrucción de la enfermedad y, más aún, de su mutación ya mencionada a otra siempre más peligrosa y agresiva que la primera, pues ésta seguirá intacta en el plano espiritual de la persona.

La mayor cualidad de la alquimia es que, con el permiso del Ser Supremo, pone vida y perfección donde no la hay. La vida y la perfección se atraen entre sí y se mezclan solo entre ellas. La alquimia le da vida, energía sutil inteligente al individuo y lo restaura inmediatamente.

Primero, le produce un momento de comprensión total en el que la persona puede asumir la realidad, puede comprenderla. Puede entender por qué tuvo el problema que sufre, no solo física y mentalmente sino también espiritualmente. Luego, el individuo es invadido por una sensación de frescura y bienestar, y sus órganos ya comienzan a recuperarse a una velocidad sin precedentes ni reacciones exonerativas. Comienzan a funcionar nuevamente. Aquellos que la experimentaron conocen la magnitud de su acción.