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Qué es una enfermedad

Generalmente, la persona comienza a construir su concepto de lo que es una enfermedad cuando le duele algo o se siente mal; cuando no puede caminar o su cerebro está dañado o se está muriendo. Siempre lo asocia con algo físico. Sin embargo, estas son las consecuencias de la enfermedad ya generadas y desarrolladas en los planos restantes: el mental y el espiritual.

Una enfermedad es algo totalmente sutil; es una idea inmaterial que se aloja en el plano mental –la mente, a la cual se accede mediante el cerebro–. Sucede entonces que, cuando la persona vive una circunstancia que no le gusta, normalmente –sin educación de su imaginación– decide pensar negativa en lugar de positivamente; toma decisiones que lastiman sus aspectos más íntimos, lo que termina lastimando su cuerpo físico.

La enfermedad nace como consecuencia de una agitación aérea de la imaginación. La psiquis, lo psíquico no tiene prana –energía benéfica–. Por ende, cuando la imaginación va y viene dentro de lo psíquico, produce lo que se denomina coboltización de negatividad: atracción de vibraciones negativas que enmarañan el cuadro farmacológico.

La persona daña su espíritu en simultáneo con su salud mental y física. Por ejemplo, un individuo que ha sido abandonado por su padre probablemente tienda a tener depresión, estados de angustia, gastritis, entre otros posibles síntomas que afectan las tres esferas. La mente, en forma de holograma, transmite este problema al alma y al cuerpo, y es muy difícil que la persona –teniendo en cuenta el impacto por lo sucedido– pueda resolver por sí misma la situación. La alquimia le brinda la posibilidad al individuo de comprender la realidad que vive, de entender por qué el padre lo ha abandonado y hasta quizás de perdonarlo.

Al igual que la medicina tradicional –alopatía–, la medicina alquímica también trata todas las enfermedades, desde las más simples hasta las más complejas. La diferencia entre ambas terapéuticas radica en que la alquimia abarca en su sanación los tres planos del individuo: cuerpo, mente y alma, mientras que la alopatía generalmente pone foco en el cuerpo y la mente. Esto no quiere decir que esta ciencia no merezca respeto, pues ha brindado y brinda un servicio invaluable a la humanidad. Sin embargo, no siempre sana.

La alquimia es un coadyuvante perfecto para la alopatía. Esto significa que un paciente que padezca cáncer, por ejemplo, podrá acompañar la quimioterapia con bebidas alquímicas, que potencian la acción sanadora y le dan vida a sus células. Ambas terapéuticas pueden combinarse tanto en niños como en adultos. Los beneficios son maravillosos. Es más: la presencia de la medicina alquímica elimina las posibilidades que tienen las drogas alopáticas de producir una mutación perniciosa de la enfermedad.

El holograma

El holograma es la representación de la enfermedad en los tres planos de la persona: cuerpo, mente y alma. Es un sistema axiomático perfecto para representar completamente cualquier enfermedad. Esto quiere decir que las conclusiones obtenidas en uno de ellos se aplican también en otro, respetando una determinada conversión.

Si bien es ignorado por la alopatía, el holograma es el elemento más importante a la hora de sanar, puesto que explica perfectamente por qué tantas veces reaparece una enfermedad luego de haberse suprimido sus síntomas con medicamentos alopáticos.

Así como los hologramas invaden las tres dimensiones del espacio que habita la persona, las enfermedades invaden las tres dimensiones que componen a un ser humano: física, mental y espiritual.

La mente es quien descifra la imagen de luz tridimensional que entra por los ojos. Es la que finalmente interpreta las figuras que el individuo percibe, aunque condicionada por lo que está “entrenada” para interpretar. De esta manera, a partir de esta imagen tan famosa, algunos tenderán a ver dos perfiles humanos, y otros, un candelabro.




Del mismo modo en que la mente está entrenada para crear una tridimensión e interpretar la realidad, es la mente sin educación, sin “entrenamiento”, la que crea y alimenta la enfermedad. La alquimia está direccionada a las tres dimensiones del ser humano para ayudarlo a comprender la realidad y evitar que se genere una vicariación progresiva.

Cómo la alquimia sana sin reincidencias de la enfermedad

Sucede que la mayoría de las películas que una persona puede ver, no está diseñada para ver en 3D. Sin embargo, dado que la mente interpreta lo que ve según lo que ya conoce, ella misma reconstruye la tercera dimensión del video. Es por eso que el individuo casi nunca tiene problemas para comprender la disposición tridimensional de los objetos en las películas, aunque las haya visto siempre en 2D. Su cerebro reconstruye la información ausente.

Lo mismo ocurre cuando una persona enferma es tratada con medicamentos alopáticos para suprimir sus síntomas físicos: su espíritu todavía es víctima de la enfermedad, como también su mente. Aunque se trate al órgano, la mente reconstruirá la enfermedad, ya sea porque esa persona no cuenta con el espíritu o la fuerza necesaria para combatirla o porque la mente no asimila la realidad y no puede dejar de generar la enfermedad. Y es que es la mente el lugar de creación por excelencia; todo lo construido a nuestro alrededor fue primero pensado, soñado y creado.

Cubriendo los tres planos del ser humano –cuerpo, mente y alma–, es casi imposible que ésta vuelva a padecer la misma enfermedad, pues se la trata en su mayor alcance y extensión, teniendo en cuenta no solo la dimensión física y mental sino también la espiritual, muchas veces subestimada.

Por haber estudiado y experimentado cuidadosamente es que hemos obtenido resultados brillantes, sobre todo en enfermedades crónicas como las son el cáncer o el párkinson. Incluso nos sigue sorprendiendo, en la práctica, la manera en la que se recuperan algunas personas, especialmente aquellas que llevan más años con la enfermedad. Es sin dudas un tratamiento excepcional y basta con unos pocos días para ver surgir sus resultados, tanto en adultos como en niños.